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Intocable

“Una buena canción siempre será una buena canción”

 

Renovándose dentro de su estilo, perfeccionándolo e incursionando al mismo tiempo más allá de un solo género, con un repertorio de rigurosa selección e insinuaciones de rítmico pop, la propuesta de Intocable pertenece a una apuesta tan suya, tan fresca y tan original que ha terminado convirtiéndose en su marca de identidad y en un producto musical único e indefinible.

Este es un porqué determinante. La explicación de su ascendente éxito durante 20 años de carrera, el lapso en que Intocable ha ganado dos Grammy, siete Latin Grammy, trece Premios Lo Nuestro, y numerosos galardones Latin Billboard, incluso su reconocimiento especialpor haber logrado la mayor cantidad de #1 en los charts como Grupo de la Década en el 2010 y dos años más tarde el Premio BillboardTrayectoria Artística. Además, ha sido nominado por los American Music Awards como Artista Latino del Año. Sumando logros en apariencia inalcanzables dentro de su formato.

Como auténtico pionero Intocable ha compartido su propuesta con el público actuando en los escenarios más importantes de Estados Unidos, México, Guatemala y Colombia. Este paso triunfal incluye el Gibson Amphitheater de Universal Studios y el Greek Theatre de Los Ángeles, la Arena Monterrey, cada año desde hace más de una década; el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, donde estableció un record histórico: seis días consecutivos que fueron “sold out”; el Auditorio Telmex, cerrando puertas y con gente en la calle sin poder entra durante tres días y el Estadio Jalisco con 65 mil espectadores, ambos de Guadalajara; el Manhattan Center de Nueva York y el histórico Aragón de Chicago.

Discográficamente, este monumental éxito de taquilla se plasma en la venta de más de 12 millones de copias de sus álbumes. El primero, lanzado en 1994, se llamó “Fuego Eterno”. Ese mismo año, con sus primeros integrantes siendo prácticamente niños, el grupo realiza su primera “gira” transportándose por carretera desde Zapata, Texas, donde recién se había formado, hasta el norte de California. Para ello adquirieron una suburban 1985 que se descompuso cuando habían avanzado apenas unas cien millas. El viaje tardó 38 horas y el pago recibido fue de 1,200 dólares por dos semanas de actuaciones en esa área.

Adecuadamente reparado, durante los siguientes dos años el mismo vehículo los llevó otras dos veces a California y en dos ocasiones a Florida. Fue una época de especial felicidad y aventura, a pesar de que al salir al camino ignoraban si les iban a pagar por su trabajo, si iban a poder comer o si algún día podrían vivir de su talento.

Intocable se fundó en 1994 por iniciativa de dos amigos de toda la vida: Ricardo ‘Ricky’ Muñoz, quien por esos días ya tocaba el acordeón, regalo de su abuelo; y René Martínez, dedicado en cuerpo y alma a sacarle todo el ritmo posible a su batería.

Con apenas dos instrumentos, la inicial fue una época de ciertas vacilaciones y perseverantes búsquedas, incluso la de un nombre que trascendiera. Lo que sí estaba medianamente claro era la resolución de hacer ese tipo de cosas que renuevan el espíritu y potenciar unas ganas enormes para sacar producciones distintas. Igual que ahora. Como filosofía es toda una inspiración, aunque eso haya significado nadar contra la corriente.

Intocable sí propone. Por eso ha trascendido. Se la juega por lo que cree. En eso siempre ha estado firme. Así ha revolucionado su género musical. Contra su propia voluntad, Ricky se tuvo que convertir en cantante, debido a la deserción de un primer vocalista que a veces los dejaba plantados y no llegaba ni a los ensayos. Fue René quien lo impulsó a que tomara clases y se preparara convencido de que no se iba a retirar del grupo, el cual, hasta entonces, era muy local.

Era la época de máxima popularidad de Mazz y Emilio Navaira. El apogeo de la compañía EMI Latin en música tejana. Parapetados en Zapata, junto a la frontera de México, Ricky y René ni siquiera sabían hablar bien el español. Poco a poco fueron juntando gente. Sumando voluntades. Armando su agrupación. Y cada vez que les preguntaba cómo se llamaba el prospecto de grupo, respondían “La Regla”, y si alguien insistía con un por qué, su explicación arrancaba estruendosas carcajadas: “Nada más porque tocamos una vez al mes”. La anécdota es totalmente verídica.

El tercer instrumento incorporado fue el bajo sexto y luego las percusiones. Ricky recién salía de la escuela. Había agarrado el acordeón a los 10 años. René, por su parte, se sentó frente a la batería a los 12 años de edad.

Con su primer lanzamiento discográfico no pasó gran cosa, tampoco con “Sígueme”, el siguiente. En 1996 de su tercer disco, titulado “Llévame Contigo”, con una insospechada fuerza surgió el gran hit original, la canción “Y Todo Para Qué”. Fue el momento en que ya se habían hecho amigos de Los Bravos del Norte, sobre todo del baterista José Luis Ayala, hermano de Ramón Ayala, una persona con mucha experiencia en el estudio de grabación. Él fue el productor de Intocable a partir de su segundo lanzamiento. Más adelante, y hasta ahora, asumieron esa responsabilidad Ricky y René.

Pese a sus primeras incursiones en el norte de California, el gran éxito en vivo se suscitó en el amistoso Valle de Texas. Como vivencia es imposible olvidarla, fue una noche en que la gente pidió tomarse fotos con el grupo, cerca de Zapata. Ahí, casi en casa, arrancó el fenómeno de popularidad y la posterior consagración.

Todo el mundo lo sabe, Intocable nació en Estados Unidos, pero sus fundadores escuchaban las música de ambos lados de la frontera, el country y el rock, el pop en inglés y español, y las norteñas de Ramón Ayala, el artista que más los influenció. Quizás por eso su propuesta representa una combinación a veces considerada “rara”, porque en ella convergen la música ochentera, la música americana y la británica. De ahí proviene lo peculiar de su sonido y ese estilo que nadie ha podido definir o clasificar. Suena fresco. Es juvenil y… diferente.

Dentro de la asombrosa historia del grupo, una especie de cuento de hadas que se transforma en sonrosada realidad, lo más horrible se produjo el año 1999 cuando sufrieron un grave accidente vehicular. Ricky lo recuerda entristecido: “Era la primera salida del road manager, su primer día de trabajo y perdió la vidaEl camino siempre es difícil, porque estás expuesto al peligro. Ese día perdimos, además, a dos compañeros músicos”.  De cara al futuro, Intocable ha seguido avanzando y ofreciendo a su público la esencia musical autentica que unió a los dos amigos desde el principio de esta historia. Recientemente un disco en vivo de éxitos y posteriormente el álbum de estudio Highway, son como el augurio de una carrera que a pesar del gran éxito logrado, continúa en un ascenso que los renueva cada día.

Fiel a su credo de que lo respalda la música, se adhiere a ella como su mejor carta de presentación. Alerta al desarrollo de la tecnología, asegura que ésta sí puede cambiar al mundo,

pero, como dice Ricky, “Pueden pasar cien años o más y una buena canción seguirá siendo una buena canción; eso es lo que importa y lo que se queda”.